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SABIAS ESTO SOBRE... ¡LA PROCRASTINACIÓN!

En este blog, exploraremos las raíces, los efectos y las estrategias para combatir este hábito tan común en la sociedad moderna.

"¿Por qué hacer hoy lo que se puede dejar para mañana?" 

Esta pregunta, que a menudo evoca una sonrisa cómplice, encierra un fenómeno que afecta a muchos de nosotros: la procrastinación.         

CONCEPTO

Es la acción o hábito de retrasar actividades o situaciones que deben atenderse. 

El verbo procrastinar no era muy empleado hasta comienzos del siglo XXI, cuando ha cobrado vigencia a la luz del efecto distractor que tienen las redes sociales. El término proviene del latín procrastinare, conformado por el prefijo pro– (“adelante”) y crastinus (“mañana”), es decir, dejar las cosas para mañana, algo totalmente contrario a lo que sugiere el dicho popular: “no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

Muchas personas confunden este concepto con la desidia y la pereza, que de alguna manera están emparentados. ¿Cuál será la diferencia? en la psicología tiene una connotación muy peculiar, mientras que la pereza cuya hermana menor es la desidia son defectos de la voluntad, la procrastinación es una manifestación del auto sabotaje.

El perezoso evade la responsabilidad del trabajo por lo arduo que le parece, es decir no encuentra en la ejecución de aquella actividad una recompensa, un premio, un valor por el cual merezca la pena esforzarse y entonces lo evita, el perezoso hace lo mínimo indispensable y lo hace de manera consciente, sabiendo que decidió no hacerlo, no hay sentimientos de culpa, no hay sufrimiento, lo disfruta. El perezoso es feliz y disfruta haciendo el mínimo. En cambio, el que procrastina sufre mucho, normalmente padece ese efecto sabe que tenía que hacer el proyecto, sabe que lo dejo de hacer, por dedicarse a otras actividades y sufre mucho por ello.


 Ejemplos donde se puede observar este fenómeno

  • Disponer eternamente de “preparativos” para enfrentar lo que hay que hacer: servirse una taza de café, luego ajustar la silla, luego cambiar de lápiz, luego hacerle mantenimiento al computador, luego ir al baño, y así infinitamente.
  • Atender tareas menores y poco importantes de la oficina, como enviar un correo electrónico, sacar punta a los lápices o resolver inconvenientes nada urgentes, con tal de no enfrentar la tarea principal y más relevante.
  • Enfrascarse en múltiples distracciones mientras se “empieza” el trabajo importante, de manera que se les dedique más tiempo y atención a las primeras que este último, por ejemplo, abriendo ventanas en redes sociales, iniciando conversaciones por chat, etc.
CAUSAS

  • La pereza o el aburrimiento que causa una obligación que se va dejando de lado para hacerla a último momento. 
  • Tener miedo a fracasar en un emprendimiento, lo que puede hacer que una persona procrastine para evitar la frustración. 
  • Elegir el entretenimiento sobre los deberes laborales, como ver una serie de televisión o salir con amigos en vez de trabajar o estudiar. 
  • No tener suficiente dinero para cumplir sueños que se han postergado a lo largo de los años. 
  • Sentirse incapacitado o insuficiente para afrontar un desafío que se desea lograr.

Si parece irónico que procrastinamos para evitar sentimientos negativos, pero terminamos sintiéndonos aún peor, es porque así es. Y de nuevo, debemos agradecer a la evolución. La procrastinación es el ejemplo perfecto del sesgo del presente, la tendencia de nuestra mente a dar prioridad a necesidades a corto plazo en vez de las de a largo plazo. “Realmente no fuimos diseñados para pensar hacia adelante en el futuro más lejano porque necesitábamos enfocarnos en proveer para nosotros mismos en el aquí y ahora”, dijo el psicólogo Hal Hershfield. 

Tips para dejar de procrastinar 

Para dejar de procrastinar una actividad, pueden resultar de utilidad ciertos cambios de actitud, tales como:

  • Dividir la tarea pendiente en un conjunto de tareas más pequeñas y manejables, que pueden hacerse con menos esfuerzo y menos ansiedad, y comenzar a acometerlas una por una.
  • Alentarse a hacer un borrador o una versión previa e imperfecta de la tarea, sobre la cual luego trabajar en una versión definitiva. Esto permite disminuir las presiones de perfección y avanzar sobre la tarea sin la sensación de tener que hacer las cosas bien a la primera.
  • Aceptar las propias decisiones, los propios deseos y las propias necesidades, como una forma de restar presión al qué dirán y a la necesidad de validación externa, para así poder emprender las tareas postergadas con menos miedo.
  • Construir un entorno de trabajo libre de distracciones: dejar el teléfono a un lado, desinstalar juegos de computadora, minimizar las interrupciones, cerrar sesión en las redes sociales, etc., durante el período en el cual queremos hacer esa labor importante. Debemos disminuir la cantidad y disponibilidad de excusas.
  • En caso de darnos cuenta de que estamos evadiendo la labor importante, no culpabilizarnos y añadir frustración y malestar a la experiencia, sino tomarlo con cierto humor y tratar de reencauzar nuestra atención de maneras positivas.
  • Aplicar técnicas de trabajo interrumpido como el “método pomodoro”, que generalmente segmentan el trabajo en pequeños lapsos empleando pausas intermitentes para hacerlo más liviano.

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